Una actuación administrativa de Gendarmería Nacional que empezó y terminó en sólo 24 horas concluyó que el disparo que dejó al fotógrafo Pablo Grillo al borde de la muerte en la marcha de los jubilados del 12 de marzo último fue un «hecho fortuito», accidental, producto de la «mala visibilidad» y afirma que la responsabilidad no es del cabo Héctor Guerrero, quien accionó el arma lanzagases, sino de la propia víctima, a quien describe ubicado «en la línea de tiro».

Guerrero sigue en funciones en Gendarmería, aunque no está claro cuáles son las que cumple ahora. El sumario concluyó que ni él ni sus superiores merecen «reproche alguno desde el punto de vista disciplinario». En la causa a cargo de la jueza María Servini y el fiscal Eduardo Taiano, no fue llamado todavía a indagatoria. La querella de la familia –representada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH)– pide que se lo cite por tentativa de homicidio agravado por abuso funcional, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Las actuaciones internas de la fuerza se conocieron ahora a raíz de un allanamiento que el juzgado dispuso el 19 de junio. El procedimiento incluyó el secuestro del arma utilizada con la que el cabo imputado le disparó a Grillo en la cabeza, diez cartuchos idénticos a los utilizados y la información administrativa elaborada con posterioridad a los hechos. Con el uso de la misma pistola lanzagases se hará una reconstrucción de los hechos, que aún no tiene fecha fijada. Será un peritaje a cargo de la División Balística de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. La querella tendrá su perito. Todo indica que Servini recién se avanzaría con llamados a indagatoria con ese material.

Contra el relato oficial

Todas las imágenes que fueron aportadas por la propio Gendarmería en el expediente (en las que incluso faltan algunos tramos, según le señaló la querella a la jueza) muestran que Guerrero efectuó otros disparos también en forma horizontal en el transcurso de la tarde. Es decir, todo indica que hubo un comportamiento sistemático. Y que lo mismo habrían hecho otros agentes. En un caso se lo ve en la posición de rodilla en el suelo disparando directo hacia adelante, donde estaba la movilización. Los manifestantes no estaban cerca. El cálculo que se hizo respecto de Grillo, es que se encontraba a unos 50 metros del grupo de gendarmes, y gente que participaba de la protesta estaba todavía más atrás. No es posible que desde allí llegara ninguna clase de agresión que pusiera en peligro la vida de los agentes. Es un planteo inverosímil. En una de las filmaciones, otro gendarme le da una palmada al propio Guerrero, en señal de felicitación, después de que dispara. «Estamos excelente, más que bien», se escuchó a quien realizaba la filmación. Sonaban insultos y frases como «no le perdonen».

Las reglas de uso de pistolas lanzagases que también entregó Gendarmería son contundentes: «Jamás se debe dirigir el arma hacia una persona, ya que en caso de impacto podría producir lesiones graves e incluso la muerte», instruye. «Para una alternativa de este tipo –sigue– resulta conveniente tener presente que los disparos deben ejecutarse en forma oblicua, hacia el suelo, para amortiguar la fuerza y el propio tiempo obtener un desplazamiento adecuado del cartucho. Si se emplea el cartucho de corto alcance, la peligrosidad también existe, no ya por la potencia del disparo sino por el excesivo calor que genera la combustión de la carga disparada, la velocidad que ésta lleva y las partículas incendiadas que se desprenden, capaces de ocasionar quemaduras de gravedad».

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