El acusado continúa en libertad a pesar que el hecho ocurrió el miércoles por la noche. De esta manera lo determinó el fiscal, hasta que termine de recabar todas las pruebas. Alan Correa tenía 27 años y un largo historial en consumo de drogas.

El teniente que mató de dos disparos a Alan Sebastián Correa (27) en una vivienda ubicada en calle 518 entre 132 y 133 de la localidad platense de José Hernández seguirá en libertad, ya que hasta el momento el fiscal del caso, Martín Almirón, no pidió su detención, aunque el policía sí fue imputado por homicidio.

El hecho ocurrió durante la noche del miércoles último cuando, por motivos que aún se tratan de establecer, el joven atacó a su padre, Joaquín Correa (63), y le causó heridas en su cuerpo con una cuchilla. Mientras la madre y la hermana del agresor pedían ayuda a gritos en la calle, una vecina llamó al 911 a la vez que el atacante y su progenitor continuaban la lucha en el interior del chalet.

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Cuando llegó el patrullero, una mujer policía y el teniente decidieron intervenir en la pelea. Según relató una vecina de los damnificados, primero los uniformados sacaron a la esposa de Joaquín Correa hacia afuera y luego uno de ellos dio la voz de “alto” al atacante, quien habría ignorado la advertencia y, en cambio, se abalanzó hacia el teniente, quien efectuó dos disparos mortales.

Fuentes del caso afirmaron ante medios de comunicación que Alan Correa tuvo algunos episodios psiquiátricos, aunque no era inimputable, es decir, que comprendía la criminalidad de sus actos. El joven ya había estado encarcelado dos años por haber atacado a su padre, y hasta febrero de 2023 tenía una restricción perimetral para no acercarse al domicilio familiar. Sin embargo, su progenitor lo dejó volver a su casa con la condición de que modificase su conducta.

Los habitantes de la zona también contaron que Alan Correa tenía graves problemas con el consumo de drogas cuando era adolescente. Por ello, sus padres lo internaron en un centro de recuperación privado en adicciones durante algunos años, y luego comenzaron a dejarlo pasar los fines de semana en su casa, hasta que finalmente el joven regresó al hogar familiar.

Sin embargo, quienes conocen al joven desde que nació, dijeron que éste nunca logró recuperarse del consumo de drogas y que tenía “la mitad del cerebro quemado” por el consumo de distintas sustancias. Ello, incluso, lo habría llevado a cometer otros delitos contra la propiedad.

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