Opinión

El cuarto elemento

Por Matías De Urraza. Origen Consultora.

Cuando el radicalismo perdió la elección del ’89, tardó casi diez años en entender que sólo podría volver al poder asociado con otras fuerzas políticas.  Primero se asoció con el Frepaso, en una alianza determinante para que De la Rúa sea presidente.  En el 2015, la convención radical de Gualeguaychú se inclinó por Mauricio Macri en lugar de Sergio Massa y todos conocemos el final.

En el 2019 ocurrió algo similar con el kirchnerismo. Constituido como fuerza política con estilo y formas propias, ese grupo entendió que “hace falta Cristina, pero con ella sola no alcanza para ganar”.  Necesitaban alguien que atrajera a nuevos aliados y todo derivó en la figura de Alberto Fernández, quien finalmente convocó a Massa y a varios gobernadores.

En esa elección, Mauricio Macri eligió el camino contrario.  Concentrado en los datos que aportaba el big data, explicaba una y otra vez que – al final del día – el triunfo iba a estar asegurado.  

Apostó a una elección de tres rondas, donde la población lentamente iba a ser consciente del peligroso retorno del kirhcnerismo y terminaría apostando por la segura continuidad macrista.

La contundente derrota en las PASO le borró ese argumento y todo terminó en octubre sin posibilidad de ballotage.

En aquella elección, la coalición que gobernaba estaba compuesta por el Pro, la UCR y la Coalición Cívica.  A modo testimonial sumó a Pichetto en la fórmula presidencial, pero fue tarde y el dirigente neuquino no tuvo el peso y la influencia para cambiar el rumbo electoral.  

En el mismo cierre de listas, dejaron fuera a prácticamente todos los dirigentes que respondían a Monzó y el peronismo quedó marginado a expresiones locales o simbólicas dentro del armado del naciente Juntos por el Cambio.

A partir de allí, el oficialismo se transformó en oposición con el traspaso de poder.  Todo fue desconcierto, desorden y pase de facturas.  

Silencio mezclado con desesperanza.  Una porción importante de la población buscaba explicaciones, sin terminar de entender a la porción que optó por el regreso del kirchnerismo al poder.

A más de doscientos días de la derrota electoral, el presidente Alberto Fernández cambió abruptamente su estrategia de salida de la cuarentena.  

En un momento, pareció que iba a formular sólidos acuerdos con Duhalde y Lavagna para abordar la crisis.  Sin embargo, la decisión tomada ante la empresa Vicentin derivó en que el primer mandatario se apoyara en su grupo de gobierno y dejara al ex presidente y su ministro de economía en la posición contraria.  Será difícil volver a atraerlos para futuros consensos.

Esa cuestión fue determinante para que una serie de peronistas anti K dubitativos consoliden la cuarta pata de Juntos por el Cambio. Ya no serán una expresión marginal dentro de ese espacio.  

Mostrarán credenciales de gestión y de trabajo territorial. Expondrán lo que ocurrió en muchos distritos del país: donde les dieron más espacio, ganaron. 

Esa lógica impulsa a este grupo a autoconstituirse como una agrupación con voz y voto dentro de Juntos por el Cambio.  Muchos vienen de haber pasado por la mala experiencia de Lavagna en el último turno electoral.  

Otros de un paso fugaz por el massismo hasta llegar al límite de la alianza con el kirchnerismo y emprender la retirada.  Pero todos tienen ánimo de revancha y saben que no hay lugar – al menos por ahora – fuera de la grieta.     

Decíamos que este grupo terminó de tomar la decisión con el caso Vicentin.  El gobierno toma la decisión ante la posible compra de la empresa por parte de la dupla Manzano-Dromi.  

El ex menemismo, conocedor de estrategias, alimentará de ideas a nuevos thinks tanks y de recursos a las estructuras que hagan falta para derrotar a la cuarta república kirchnerista en las próximas elecciones.  Para un peronista nada mejor que otro peronista.

La crisis económica, sin proponérselo, recordó a muchos argentinos que la década menemista fue la última sin inflación y con el dólar estable, dos cuestiones no menores a la hora de poner las bases para el crecimiento.  

Allí se gesta un revival noventoso, que no pocos añoran y están dispuestos a apoyar.  Los longevos menemistas no serán protagonistas, pero sí operadores claves en el cuarto elemento de Juntos por el Cambio.

Respecto del resto de los socios de la coalición opositora, hay actitudes dispares.  Los que abogan por un purismo ideológico están empezando a perder la pulseada ante el siempre atractivo pragmatismo peronista.  

Le empiezan dar la derecha a un viejo dirigente peronista cuando dijo: “entre ganar o tener la razón, siempre prefiero ganar”.

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