Luego de cumplir la condena por dejar ciega a su esposa, continuará preso por negarse al tratamiento con perspectiva de género

Se trata del caso de Susana Gómez, una mujer que quedó ciega luego que su marido la golpeara salvajemente. Este 14 de septiembre cumpliría la condena de 8 años de prisión pero seguirá tras las rejas en un fallo inédito de la Justicia.

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Estoy muy contenta, se logró que la Justicia y el Estado protejan integralmente la vida de las mujeres víctimas de violencia de género“, comentó Susana Gómez luego que se conociera el fallo histórico del juez de Ejecución Penal de La Plata José Villafañe: Carlos Goncharuk, el ex marido que la dejó ciega a golpes, seguirá preso a pesar de haber cumplido la pena de 8 años de cárcel.

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El magistrado resolvió no liberar al agresor por negarse a cumplir un tratamiento psicológico y socioeducativo con perspectiva en violencia de género, algo que estaba dispuesto en la sentencia que le habían aplicado. El objetivo era lograr la resocialización del hombre y que tomara conciencia de lo había hecho para no repetirlo. Sin embargo, Goncharuk estuvo lejos de hacerlo.

Villafañe, además, hizo lugar a un planteo de la fiscal de Ejecución Laura Lasarte, luego de analizar los informes sobre la salud mental del condenado y la sucesión de episodios de violencia que protagonizó en las distintas cárceles en las que estuvo recluido. Es que se trata de una persona agresiva y hostil, que fue trasladada por doce penales bonaerenses.

En el fallo de Villafañe, se dejó claro que el hombre aún “presenta sentimientos de ira y enojo“, derivado de la situación de encierro, según explicó a Infobae Darío Witt, el abogado de Susana y titular de Casa María Pueblo, la ONG que le brindó asistencia a Gómez apenas huyó de la violencia a la que era sometida por su ex esposo . “Los informes mostraron que era un psicópata y una persona manipuladora, todavía con reacciones violentas”, resaltó Witt.

En ese sentido, Witt explicó que se le ordenó al Servicio Penitenciario Bonaerense que aloje a Goncharuk (que debería salir el próximo 14 de septiembre) en un  instituto psiquiátrico de máxima seguridad para que cumpla con el curso. El tiempo de duración dependerá de los informes y de la propia actitud que muestre el sentenciado.

El caso

La jueza Carmen Palacios Arias, a cargo del Tribunal Oral Criminal número 5 de La Plata, condenó en 2014 a ocho años de prisión a Goncharuk. Como estuvo preso desde 2011 mientras se llevaba adelante el juicio, su tiempo en la cárcel se cumpliría este año.

El Tribunal consideró suficientes las pruebas para establecer que el hombre, imputado por “lesiones gravísimas”, había provocado la ceguera de Gómez tras darle varios golpes en la cabeza y en el cráneo. Pero antes del hecho, la mujer lo había denunciado 13 veces penalmente y cinco de manera civil.

“Por eso el fallo fue inédito en su momento. En aquel entonces no existía el agravante de violencia de género, por eso fue importante la cantidad de años que le dieron, pero no fue de un momento a otro. Los responsables de que haya quedado ciega son la policía y la justicia, porque no escucharon en su momento. Pero Susana luchó y desde la organización le dimos todo el apoyo”, recordó Witt.

Al enterarse de la posibilidad de que podría salir libre sin cumplir todo lo que estipulaba el fallo, Gómez y la ONG comenzaron a movilizarse y a hacer presentaciones ante la Justicia para que revieran la situación. La mujer sentía que estaba en peligro si su ex salía libre sin dar una sola muestra de haber mejorado en su actitud frente la gravedad de lo que hizo.

Acompañada por su abogado concurrió al despacho de José Villafañe para saber por qué aún la justicia no había obligado a Goncharuk a realizar el curso. El juez evadió el tema y dio una insólita respuesta. “Te recomiendo que te cuides cuando esta persona salga. No puedo obligarlo a que haga el curso”, le dijo Villafañe al despedirla. Susana se sumió en una completa  depresión, sin poder salir de su casa. Witt le insistió en que dieran pelea y así lo hicieron.

Comenzaron a pedir ayuda de organizaciones  sociales y de los medios de comunicación para exponer el peligro. Ante la presión y las muestras contundentes de que Gonchanuk no había cambiado, a Villafañe no le quedó otra que mantenerlo preso.

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