Por Nazarena Lomagno

-”Mamá, ¿por qué sólo se mueren las mujeres?”

-”No solo nos morimos nosotras, hija, pero sí cada vez nos morimos más”

Desde que la ola feminista logró el tsunami internacional, que actualmente hermana a más de 60 países, cada 8 de marzo un capullo renace en flor y la Ciudad de Buenos Aires (CABA) no se queda atrás en esta primavera revolucionaria. Cada manifestación es una oportunidad para reforzar cimientos y, a su vez, cuestionarlos. En el día de las mujeres y disidentes que integran el movimiento, las calles se convierten en un fogoso y alborotado escenario de desnaturalización, protesta, demanda, unión, canto y llanto feminista, debate y reflexión.

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Se da el espacio a cavilaciones como en la que se introdujo Paula, la pequeña de 6 años sentada frente al Congreso que, gracias al engrosamiento de los casos de violencia de género, concibió en su pregunta que las mujeres eran víctimas exclusivas de los asesinatos. Y ahí, en esa temerosa percepción en la que se vio amarrada de forma intrínseca, es donde el Estado debe oficiar como garante de políticas públicas que desplomen las cifras de femicidios y expulse, como quién es desterrado, al mismísimo patriarcado.

A nivel nacional, este gigante asesino debería ser encadenado por el presidente Mauricio Macri y su gestión. A nivel local, misma responsabilidad le corresponde al Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Por eso es que su discurso del 1 de marzo ante la inauguración del cuarto período de las Sesiones Ordinarias en la Legislatura Porteña cobra especial relevancia, pues quedó de manifiesto la perspectiva de género del mandatario que gobierna el distrito donde se encuentra mayormente enraizado el movimiento y la concentración en las marchas.

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La Ciudad está a la vanguardia en nuevos paradigmas que hoy nos transforman a todos”, aseguró en la recta final de su texto, que prodigó elogios a la mejora de la obra pública, seguridad y transporte de forma empalagosa, como introducción al pequeño fragmento que ocupó el quehacer por la brecha entre géneros.

Pero el documento leído en Plaza de Mayo, demorado por el tiempo que llevó recolectar el dinero para que les sea habilitado el sonido, denunció lo contrario: “Paramos porque con el modelo económico de Mauricio Macri, les gobernadores ajustadores junto a la influencia de las iglesias, las mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, gordes e intersexs no tenemos futuro.

¿Cómo se llega a semejante aseveración, como lo es carecer de toda posibilidad de, siquiera, bosquejar un mañana? Aunque la creación de Los Centros Integrales de la Mujer (CIM) sean un hecho, para las porteñas la respuesta, tal vez, se relacione con que se proyecte 11,36 pesos por mujer dentro del Presupuesto Nacional -una lapicera BIC cuesta 12 pesos-, al tiempo que la ONG La Casa del Encuentro contabilizó 273 femicidios en 2018 y el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora que sí nos ven” 54 en 2019.

O no, rebajarse a un bolígrafo quizás no sea tan grave, más bien apañe el futuro la estructural y abusiva desigualdad económica del 25%, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), también presente por discriminación directa, puestos jerárquicos utópicos, asignación de esferas de producción y un capitalismo sostenido, en parte, por aquellas mujeres enmarcadas en la economía del cuidado, donde el amor se disfraza de trabajo no remunerado y la formalidad y el desarrollo académico se alejan de un segundo o tercer plano.

Para los escépticos de las demandas colectivas, sesgados por sus logros individualistas, basta con ver la brecha en el organigrama del mandatario: de once ministerios, tres son ocupados por mujeres, como Soledad Acuña en Educación; Guadalupe Tagliaferri en Desarrollo, y Ana Bou en Salud. Casi un tercio del equipo, fracción incongruente con la promesa de alcanzar a fin de año la paridad dentro de la Legislatura, acorde con la Ley de Paridad de género (27.412), sancionada en 2017, con su debida reglamentación pendiente.

Además, la marginalización de la “amplia minoría” de las mujeres, lesbianas, travestis y trans se acentúa con la reducción del 8,3% del Presupuesto en el área educativa, sin ahondar en la generalización del recorte fiscal que machaca, aún más, a las que comparten el último eslabón en la economía y supone casi un cataclismo para aquellas migrantes, afrodescendientes y villeras.

Cuando hay ajuste se feminiza la pobreza. Trabajo bajo convenio y derechos laborales para les trabajadoris precarizades”, fue una de las consignas del documento leído durante el acto. Puesta en palabras de la Doctora en Ciencias Sociales, Corina Enrique Rodríguez, en su publicación “Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden económico internacional”: “El impacto de esta restricción (políticas económicas ortodoxas) es mayor en las mujeres porque son más vulnerables a la pérdida de empleos formales, están sobrerrepresentadas en el empleo informal y asumen la mayor responsabilidad en la tarea de amortiguar los efectos negativos de la recesión en el hogar.

Pero Larreta aseguró en su discurso que “no hay ningún trabajo que la mujer no puede hacer” y destacó en Twitter  “la importancia de las mujeres y lo imprescindible que son en nuestra sociedad”. Curiosa manera de reflejarlo.

El horno no está para bollos, se lo abolla

Por más que la segregación colectiva y los moros en la costa aparentaran ser suficientes para responder cómo el futuro puede ser tan ensombrecedor, sucede que la realidad salpica como agua hirviendo. El gobernador porteño destacó en su lectura que CABA es una ciudad “abierta, plural, diversa, es una ciudad que avanza a una mayor igualdad entre hombres y mujeres”, sin dejar en claro dónde encasilla su slogan democrático en las sucesivas represiones policiales realizadas en la Ciudad.

Retrotrayendo a mediados de enero, la denuncia de la Unión de los Trabajadores de la Tierra (UTT) por el uso de gases lacrimógenos y balas de goma durante el “verdurazo”, aquella venta de fruta y verdura a bajo precio y dejó la postal de la anciana, su chango y la berenjena, en febrero, la agresión durante la manifestación de los empleados de la cooperativa Madygraf y el arresto de los fotoperiodistas Bernardo Ávila y  Pablo Barrientos y, los golpes a los integrantes de Artesanxs Unidxs, quienes se manifestaron sobre la calle Defensa, ayer.

La falta del accionar democrático ya podría estar amparada en la nueva reforma del Código Contravencional, la cual busca regular conflictos urbanos que no alcanzan la categoría de delito penal ampliando las facultades de la Policia de la Ciudad. La reforma, planteada mediante una perspectiva de género, según el oficialismo, prevé sanciones al acoso callejero, grabaciones íntimas sin consentimiento, carteles de oferta sexual, servicio de trapitos y a los ruidos molestos.

Si bien valdrían como modificaciones positivas, extender licencias a un cuerpo policial que demuestra ser propenso a esquivar consensos mediante el uso de la fuerza es, por lo mínimo, amenazador para aquellos sectores estigmatizados y vulnerabilizados como el LGTBIQ, trabajadoras sexuales, personas trans, travestis y trabajadores de la economía popular, integrada también por mujeres.

En el mismo sentido se pronunció la legisladora del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), Myriam Bregman, en el debate por la sanción: “No sienten nada de lo que sentimos nosotras. Algunas de nosotras luchamos por terminar con este sistema capitalista que amplifica el patriarcado -porque se va a caer, lo vamos a tirar-. ¿Y saben lo que pasa cuando salimos a la calle? Nos aplican el Código Contravencional. Cuando las mujeres salimos a la calle nos persiguen. No queremos que voten en nuestro nombre este código.”

Detrás de una gran mujer, siempre hay un gran Estado.

Entonces no. Si la única verdad es la realidad, el panorama podría hablar por si sólo y, definitivamente, sí, no habría más que concluir con mujeres y disidentes inmersos en un sombrío porvenir de disparidades reglamentadas y condenas perpetuas, de no ser por un escudo: el feminismo. Esa piedra en el zapato del histórico patriarcado de hierro se agranda exponencialmente y ya no entiende ni de closets ni de miedos, de cabezas gachas o pisoteos. Ese verde movimiento que pretende desnaturalizar tejidos de Norte a Sur y girar la Tierra en sentido contrario si así lo desea, lucha por el nombre propio de las mujeres y disidentes y rechaza total dependencia, excepto la del Estado, organismo intermediario entre la sumisión y el empoderamiento.

Por la Ciudad de Buenos Aires, será Larreta quién tendrá la obligación de oficiar como tal y, además,  jugar sus últimos aces para intentar incorporar al electorado feminista en tiempo de descuento para la próxima elección. Por las que enterraron, por las que el viernes manifestaron y por Paula, para que no piense nunca más que sólo las mujeres serán las muertas.

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